El futuro de la humanidad, entre el cielo y el suelo

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Marzo del año 2050. Los Gobiernos hacen malabarismos para alimentar a la población tras una década de pésimas cosechas: el clima es cada vez más extremo y los periodos de sequía se alternan con episodios catastróficos: huracanes, inundaciones, olas de frío, nevadas intempestivas… Mientras los políticos se muestran impotentes, los mejores científicos del planeta tornan confiados sus ojos al cielo, sobre el que se extiende una malla de satélites observacionales capaces de sentir el pulso mismo de la Tierra. Conectados con millones de nanodrones dispersos por todo el planeta, analizan instantáneamente petabites de datos y tienen las respuestas a las angustiosas preguntas sobre el cambio climático, los desastres naturales o las rutas marítimas que se plantean los hombres.

Todavía estamos lejos de alcanzar este escenario ficticio, pero no tanto como se podría pensar. La Agencia Espacial Europea lanzará dentro de unos meses un prototipo de satélite de observación que se podría considerar revolucionario: contará con microchips capaces de procesar y analizar los datos en el espacio, algo que hasta ahora se hacía en las estaciones terrestres tras su envío.

Imagen de la sesión inaugural de la ɸ-semana de la ESA en Frascati (Italia). Ver vídeo de presentación.

Arranque de la ɸ-semana de la ESA

El anuncio se ha hecho público en el arranque de la Semana Internacional de la Agencia Espacial Europea (ESA), que comenzó el lunes en Frascati, al sur de Roma. Hasta el viernes, más de 700 participantes discutirán de cuestiones tan fascinantes como el impacto que tendrán en la observación del planeta las nuevas tecnologías digitales, la inteligencia artificial y la realidad virtual.

A la cita asisten científicos, expertos en inteligencia artificial, en redes, en big data… y empresarios, ya que un planeta hiperconectado en el que casi se podrán prever las consecuencias finales del aleteo de una mariposa abre infinitas posibilidades de negocio.

El problema de la basura espacial

La gigantesca red de satélites que vislumbra la ESA agravará uno de los problemas que más preocupan a la Agencia Espacial Europea: la presencia de basura espacial orbitando la Tierra.

Ilustración sobre la presencia, cada vez mayor, de chatarra espacial alrededor de la Tierra.

Se estima que más de 8.000 toneladas de estos restos de naves, cohetes y otros artefactos inútiles circundan nuestro planeta, una masa equivalente a la de la Torre Eiffel. Su cantidad y tamaño es muy diverso. Según el conteo de la NASA, existen más de 21.000 desechos orbitales de más de 10 cm, más de 500.000 partículas de entre 1 y 10 cm de diámetro, y más de 100 millones cuyo diámetro es menor a 1 cm.

Imagen de una microsifura causada por el impacto de una particula de chatarra espacial. Foto: NASA

Dos explosiones causaron el 30% de la chatarra espacial

Dos acontecimientos ocurridos la pasada década multiplicaron el peligro: la destrucción intencional de un satélite meteorológico chino en 2007, y el choque entre un satélite de comunicaciones ruso y otro estadounidense en 2009. Se estima que un tercio de todos los escombros orbitales catalogados hasta el momento proceden de esas explosiones.

En cualquier caso, la abrumadora mayoría suponen una amenaza potencial para la navegación espacial y los satélites operativos que circundan la Tierra. En la Estación Espacial Internacional aún se recuerdan los momentos de pánico que vivió su tripulación en 2011 tras no detectar a tiempo la trayectoria de basura espacial. Finalmente, los restos pasaron a 250 metros de distancia de la EEI.

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